jueves, 24 de septiembre de 2015

Mi querida Carmen

Querida Carmen,

Hoy es fiesta en Barcelona. La Mercè. Y eso significa que tengo el día limpio de obligaciones, y que mi único quehacer de hoy es estar conmigo, hablarme, escucharme y sentirme.

Por eso hoy, que la vida me lo permite, y no me pone zancadillas con sus urgencias, y sus idas y venidas, te escribo.

Hace un mes, tan sólo hace un mes, que un gran amigo mío me dijo: ¿A quién te gustaría conocer y que aún estuviera vivo?

Y yo sin titubeos, y con voz firme, dije: “Carmen Balcells”

Y entonces, me dijo: ¿Y por qué no la escribes, y os conocéis?

Y quizás en otros oídos hubieran caído como un despropósito, un desatino adolescente. Pero no en mí, porque la vida, me ha hecho creer en imposibles. Y pensé, sí, la tengo que escribir, y la tengo que pedir un café, así sin más, para que me cuente su vida, para que me hable de Terenci, de Mario, de la Torres, de la Matute… y de todos los hijos que tuvo.

Pero no me ha dado tiempo a hacerlo. La vida no entiende de esperas, ni de procastinaciones. La vida y la muerte avanzan a hurtadillas, cogidas de la mano, mientras las floren rugen a su paso.

Y el sueño se evaporó, y se ha tornado imposible. En un reto inútil, porque no puede ser.

“¡Qué mierda Claudia! ¡Qué mierda! Otra vez dejándolo todo para el mañana, y al final, el mañana te atrapa. ¿Cuándo aprenderás que la vida es aquí y ahora?”, me digo y me recrimino.

Así que lo único que puedo hacer, ahora, es escribirte, de manera póstuma, y de manera triste, porque es así, como nos has dejado a todos los que queremos los libros.

Te has ido este lunes, y ahora estamos huérfanos. Y huecos. Y solos.

Y mientras, los epubs, avanzan, la tecnología triunfa, y las librerías desaparecen, y cierran sus puertas, porque ya nadie quiere comprar historias de carabineros y fantasmas. Porque ya nadie se entretiene con villanos que conquistan a princesas.

Sólo los nostálgicos. Los tristes. Los que suspiran por un pasado mejor.

Y vengo aquí a llorarte, en este pequeño rincón blanco. Porque quiero honrar tu nombre y tu obra.

Gracias Carmen por confiar en Mario. Y en Gabo. Y en muchos otros. Porque cuando tú les conociste, estaban empezando a gatear por las letras, a balbucear sus primeras historias. Y tú, así sin más, creíste en ellos. Y les recogiste en tu pecho. Y les amamantastés. Y como buena madre, tan sólo les pediste una cosa: escribir. Escribir. Escribir hasta que se quedaran vacíos de palabras, hasta que tan sólo fueran viento. Que escribieran hasta que sus dedos se plagaran de callos de tanto rasguear palabras. Y eso fue lo hicieron.

Y entonces, ellos tocaron el cielo.

Y nosotros también.

Por eso gracias Carmen, gracias por todo.

Gracias por creer en los desconocidos. En los anónimos. Y también por no abandonar nunca, nunca a aquellos que perdieron la fe en si mismos, porque tú,  diste la mano a Ana, cuando los mercados la habían relegado al cuarto de atrás. Pero no tú. Y entonces, ella, volvió a escribir como nunca. A raudales. Y escribió su gran obra. Una obra majestuosa y portentosa. Por eso, gracias.

Hoy, que ya no estas, voy a pesar por el Paseo de Gracia, que hacen la Feria del Libro de Ocasión, a ver si encuentro alguna reliquia, un talismán que me proteja de los malos vientos. 



Un abrazo desde la tierra,


Claudia. 

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