Buscar trabajo es como caminar en el desierto. No hay nada ni nadie a tu alrededor. Estás sola ante la inmensidad de la arena. La sed te invade, y tú tan sólo puedes avanzar. Mirar hacía adelante, a la espera de encontrar un lugar nuevo, un lugar para quedarte.
Entonces, de vez en cuando aparece un oasis, tan sólo de vez en cuando, y te vuelves loca, eufórica, creyendo así que tu sed se calmará, que tu calor se apagará, y se curarán tus heridas.
Pero el tiempo pasa, y el oasis era mentira. Inexistente.
Ayer hablé con una amiga por what´s up:
-¿estás con X?
-No
-¿trabajas?
-No
-¿estudias?¿y la UOC?
-No
Y me di cuenta que tengo la vida patas arriba. En construcción.
Mi vida de hace cuatro meses ha desaparecido. Se ha volatilizado.
(Nota mental: Me tengo que sacar el título de paleta. Poner cimientos, ladrillos y tierra. Utilizar el mortero y subir paredes. El de riesgos laborales, paso, que la vida es riesgo.¿construyo una casa, un edificio, un rascacielos, o una masía catalana?)
Y a pesar de todo, a pesar de las heridas, estoy tranquila. Serena. Con un silencio blanco.
Hoy iré a ver La vida de Adèle. Tengo ganas.
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