Sol y mar. Tres letras. Si les pones una a, se convierten en sola y amar.
Supongo que es lo que tengo que hacer con la vida:
comerme las letras y convertirlas en aquello que quiero. Tengo que jugar al
scrabble.
Hoy he ido a caminar para ver el mar, y escuchar
el sonido del mar. Me calma. Me da paz. Me gusta ver las olas como van y
vienen. Ver ese incesante vaivén. Y miraba a la gente, y pensaba cuál es la
historia que tienen dentro, que tienen escondida bajo la piel. ¿Estamos hechos
de secretos? ¿Cuál es mi secreto?
Mi secreto es el miedo. Miedo a decir “Te quiero”.
Hace mucho que no lo digo y siento como
si esas dos palabras se estuvieran desvaneciendo, como si poco a poco se
estuvieran tornando invisibles.
Cuando tenía pareja, lo decía muy pocas veces. Muy
pocas. Para no desgastarlas. Para que no se convirtiera en una costumbre, y en algo
ordinario.
Tengo resaca de emociones. Mareada. Ayer fue un
día de nostalgia. De pensar en aquello que fue y ya no es. Hablar y encontrar
consuelo. Saber, que a pesar de los pesares, a pesar de ese sentimiento de
culpa que te atenaza de vez en cuando, lo hiciste lo mejor que supiste y
pudiste.
Y me pongo una nota mental: aprender a enfadarme.
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