jueves, 1 de mayo de 2014

El arroz y la vida


Estoy en casa. Sólo hay silencio. Mis compañeras se han ido, y yo he decidido estar aquí, en soledad, durante cuatro días, a la espera de que la vida me sorprenda.

Si estuviéramos en Gran Hermano, a  E. y mí nos habrían expulsado. Lo sé. Lo sabemos. Y ganaría V.
Somos malas. Unas malas buenas, y no tenemos remedio.

No tengo planes. Cuatro días en blanco. Cuatro días para desgastar las suelas por la ciudad.

En breve sonará el ruido de la cafetera. Y me tomaré un café tranquila.

He hecho arroz con pescado. Y me ha parecido una comida insípida y algo triste. Cuando lo he pasado de la olla al colador, se han quedado granos de arroz pegados en la olla. Lo mismo me ha pasado cuando del colador lo he pasado al plato.

Los granos de arroz pegándose por todos los lados.

Creo que nosotros somos como los granos de arroz. Nos enganchamos a las personas, y vamos dejando trozos de nosotros en ellas.


Me pregunto cuántas clases de arroz me habitan. 

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