Creo que soy
ciclotímica. Pero sin ansiedad. No eso no lo tengo. Sólo que mi estado de ánimo
fluctúa mucho últimamente. Y si ayer por la mañana estaba feliz con mi
cotidianidad, cuando vino la noche, es como si me hubiera alcanzando una bomba
y me hubiera estallado en las manos.
Después, todo pasa.
Y el sol vuelve a brillar.
Antes, a las
personas que eran consideradas locas, en lugar de darles pastillas, les
recetaban actividades lúdicas: pintura, baile, música, e incluso les enviaban
al balneario.
Antes, el arte era
quien nos salvaba de la vida. Qué curioso. Ahora, es uno mismo quien se tiene
que salvar.
Antes, todo se
decía con palabras sencillas, pequeñas y diminutas. Galeno decía que “la salud
psíquica depende de la armonía adecuada de las partes racional, irracional y
sensual del alma”.
Ahora, lo complican
todo con nombres abstractos y esdrújulos: “Hipersomnia idiopática”, para acabar
diciendo que es una persona que duerme mucho. Pero decir eso, es como ser más
importante.
Hubo una vez, en un
tiempo no muy lejano, que incluso hasta la felicidad la quisieron poner en el libro de los desórdenes de la mente.
Definitivamente,
todos estamos locos. Locos por la alegría, locos por el desamor, o por el amor. Locos por la
fe. O locos por la música. Qué más da, la causa de tu locura.
La cuestión, al
final, es vivir. Y sentir.
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