sábado, 16 de noviembre de 2013

Lluvia infinita



Hoy es un día de chocolate con churros, manta y películas. He visto “Don Jon”, y “Las Brujas de Zugarramardi”.

La primera es corta, y entretenida. Habla del amor estético y algo esclavo y del amor libre. El final te deja con la sensación de que el director ya estaba cansado de rodar y ha dicho “venga, lo dejamos aquí que ya está bien”.

La segunda, va a ser que a pesar de tener algunos momentos cómicos, no se salva.

El reloj gotea paso a paso. Lentamente.

He pensado que me puedo ir a Malta a buscarme la vida, y así aprendo inglés, mientras tengo sol y playa. Londres lo quiero para los conciertos, los síndromes de Stendhal, y enamorarme de sus teenegers. No lo quiero prostituir.

Ha nevado muy cerquita de aquí. Mañana iré a hundir mis manos en la nieve virgen.

Quiero sentir el frío blanco como entra en mis pulmones.
Quiero sentir como la vida entra en mí.

El dolor para que se calme tiene que estar en el sol como las bayetas. Porque las estrujamos una y otra vez, y las retorcemos, a la espera de que no quede ni una gota, apretando nuestros puños con fuerza, apurando así el agua que contiene. Pero al final, es el tiempo, el aire y el sol, hacen que se seque. Y desaparezca.

Hoy la he recordado sin grietas. Con las cosas buenas. Con luz y risas.

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